PREGUNTAS

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En este espacio dedicado al debate, con una incalculable alegría de observar el renacimiento intelectual de nuestro querido movimiento, quiero llevar a la mesa de discusión un tema candente en nuestros días.
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1- ¿Que es el judaísmo?
2- ¿Que es ser judío?
3- ¿Nuestra tnuá es judía?
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Todos estos interrogantes pueden ser respondidos de varias maneras, dependiendo de quien sea el que responda. He aquí la respuesta de un boguer de la tnuá que atraviesa aun su proceso jinují, pero que ha recorrido gran parte del mismo.
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1- Para mi, el judaísmo es un conjunto de elementos sociales que identifica a un estrato determinado de la humanidad, que comparte una historia común. Estos elementos pueden ser divididos en dos partes íntimamente ligadas entre si, y que además pueden ser interpretadas de varias formas: elementos culturales, e históricos.Cuando hablamos de cultura judía, también nos referimos a la literatura (Torá, Talmud, Mishná, Guemará, y la variedad de libros escritos por intelectuales judíos sobre cuestiones relevantes a nuestro pueblo), el arte (de todos los tipos), costumbres, religión, ritos, etc.
Cuando hablamos de historia, hacemos referencia a los hechos que a través de los años nos han ido conformando como lo que somos.
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2- Ser judío es sentirse parte, conocer sus raíces, conservar sus valores, es tener una identidad, es la autocrítica constante y la autosuperación personal y grupal, comprendiendo los procesos de los cuales devienen nuestras características.
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3- Nuestra tnuá es judía por que cumple con todo lo que aseveran los puntos anteriores.
Hasta acá las cosas parecieran ser armoniosas, sin embargo las realidad nos marca que hay algo en la actualidad que no nos permite crecer como pueblo.
Claro está, que esta es solo una visión de nuestro mundo judío, y que existen por lo tanto muchas otras formas de interpretar esta realidad que trato de comprender de la manera más "eguioní" (lógica) posible.
Volviendo a eso que nos falta en este momento para continuar por un camino más seguro, nuestro destino como pueblo, creo que hay señales a la vista acerca de lo que me estoy refiriendo. Se puede ver en el día a día de las comunidades judías del mundo, y mismo en Israel, que el activismo judío se va disipando, se va desintegrando, por medio de la "itvolelut" (asimilación), por medio del desinterés, y sobre todo por la IGNORANCIA, que creo es el factor fundamental del cual se nutren los dos anteriores. Cuanta verdad existe en esta afirmación lo podemos verificar en los números: los mifkadim en nuestra tnuá han disminuido, en cuanto a numero, en un 40% de hace 5 años a esta parte (datos aproximados generales según muestra (Rosario 2003 - 2008), los censos comunitarios han arrojado números sensiblemente menores no solo de población judía en el país, sino que también de activismo proporcional a la cantidad de judíos de 30 años hasta la actualidad, y así una larga fila de estadísticas, que no voy a detallar por que se pueden aburrir un poco.
Con la situación a la vista, la tnuá se adapta a la realidad, innova y propone a la juventud judía activa nuevas metas, nuevos desafíos, y el trabajo conjunto en la recuperación por la identidad y el contenido judeosionista, día a día. Pero, ¿lo estamos haciendo bien? ¿Sentimos que es importante? Estas son preguntas que uno debe hacerse todo el tiempo. La autocrítica y la convicción son los elementos que nos pueden llevar a triunfar en el trabajo y la vida.
Yo me pregunto ¿por que yo, madrij, janij, boguer de la tnuá, hijo de mis padres y nieto de mis abuelos, tengo que ir el sábado a peulá, tengo que estudiar judaísmo, tengo que conocer a mi pueblo? ¿Acaso hay algún factor externo a la persona que nos obliga a realizarlo?
En mi caso puedo responderles que siento una responsabilidad moral y una pertenencia a los valores de nuestro pueblo que, a través de la capacitación constante, me lleva a la convicción de que lo que hago es importante para mi, mi familia y mis amigos, pero sobre todo para mis hijos y nietos.
Cada uno de mis actos me van formando, me van haciendo y así también el futuro esta influenciado por lo que hacemos, cada piedra que movemos, cada palabra que decimos, cada movimiento es una influencia. El mundo después de cada acción es diferente, al menos esa es mi visión.
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¿Cual es la tuya? Los invito a opinar.
Jazak ve'ematz!!!
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David Epsztein
Rosh Jinuj Merkaz Etgar
Rosario, Argentina
(el texto fue escrito en el 2008, durante Shnat)

AUTOGESTION

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Domingo 12:24 hs. Ayer no salí. Me levante hace un rato, miré algo de fútbol, leí el diario y me vine a chequear mails, para después escribir lo siguiente. Obviamente, en el medio de estas últimas dos, hay un paseo cibernético por Olé, Messenger y Facebook. En el MSN me encuentro con mi amigo Pulgui, y…
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Tom dice:
pulguinnnn
Pulgui dice:
tom
Pulgui dice:
ke tal??
Tom dice:
bien
Tom dice:
intentando escribir para la Debate
Tom dice:
pasa que quiero escribir sobre autogestión, y a la vez no armar bardo
Tom con dice:
jodido...
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Después del típico mensaje conciliador de nuestro mazkir, lo tranquilice y le aclaré que no era mi intención generar conflictos. También le adelanté las primeras dos oraciones del texto: “Estamos en una tnuá de gente muy, pero muy sensible. Sin dudas, yo soy uno de los primeros de la lista”. Pulgui se rió (con un triple “ja”, o sea que le causó gracia en serio), y se fue. Bueno, arranco, advirtiendo que progresivamente me voy a ir poniendo más serio.
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Estamos en una tnuá de gente muy, pero muy sensible. Sin dudas, yo soy uno de los primeros de la lista. En frío, somos agradecidos de lo que tenemos y valoramos a Hejalutz como la mejor y más grande tnuá de Argentina. En caliente, todo es una mierda, no hay pertenencia, nadie colabora a nivel artzí, de mucha gente se espera que de bastante más. En tibio, y en realidad, ambas son ciertas.
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En épocas de redefiniciones (Mazkirut y Veidá Olamit), lo importante es sacarle una foto a la realidad, pegarla en un espejo, y alejarse unos pasos. O mejor aún, cacho de ejemplo, meter a la tnuá en el Google Earth. Si hacemos mucho zoom, vamos a ver las problemáticas cotidianas; si retrocedemos un poco con la rosquita del mouse, empezaremos a pensar soluciones para las realidades de algunos merkazim y otras situaciones más palpables; y si nos embalamos y volvemos a la primera foto del mapamundi (sería el semel en este caso), allí estaríamos viendo a los pilares fundamentales de Hejalutz Lamerjav.
Bueno, basta… Esto solo era un llamado a que miremos las cosas con una perspectiva más amplia a la que estamos acostumbrados.
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En una encuesta realizada en mi cabeza, se llegó a la conclusión de que un 80% de los madrijim de la tnuá considera que los pilares de Hejalutz son la kibutziut, la jalutziut, el sionismo y el apartidismo (en ese orden, el que marca la canción que cantamos en Argentina). Algunos otros sueltos hablaron de educación, judaísmo; y unos menos sobre autogestión.
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Ante estos datos desalentadores, hay una batalla que claramente perdimos todos, ya sea madrijim, shlijim o kehilot. El sistema de las tnuot noar, cualquiera sea su nombre, ya no depende de nosotros. Los madrijim ya perdieron el control de la situación, y con el, su sentido.
La autogestión suena más a poesía que método, es más nostalgia que convencimiento, es una inútil lucha de poder, y no un medio.
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Tomemos, a modo de ejemplo, y como máximo símbolo de la democracia y la autogestión en la tnuá, a la Mazkirut Artzí. En ella, que en los últimos años solo se realiza en los seminarios y majanot kaitz, los roshim de todos los merkazim de Argentina se juntan a decidir lo verdaderamente importante de la tnuá.
Este espacio esta bastardeado, sino muerto. Aunque desde mi tafkid de mazkir el año pasado lo percibía en el día a día, nuestras peores miserias como movimiento nacional, democrático y educativo, salen a la luz en esta aseifá. A saber…
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(RECUERDEN QUE LA MAZKIRUT ARTZÍ ES UN SÍMBOLO Y UN EJEMPLO DE LA PROBLEMÁTICA QUE PLANTEO. ES DECIR, UN REFLEJO DE UNA SITUACIÓN MUCHO MÁS COMPLEJA)
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Desde el vamos, nadie le da la importancia que se merece: Ni la mazkirut peilá, fijándola en horarios imposibles, ni los roshim de los merkazim, ya que nunca se deciden sobre problemáticas planteadas por un merkaz; ni el resto de los madrijim, de los cuales muchos ni saben de su existencia; ven en esta aseifá un espacio valioso.
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No hay trabajo previo: Los temas a discutir los define la Mazkirut Peilá una o dos semanas antes del encuentro, muy pocas veces son comunicados previamente a los roshim. Y aun así, cuando esto sucede, no se trabaja sobre estos en las aseifot de los merkazim.
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Falta de pertenencia por la tnuá artzí: Esto da para un artículo aparte, pero veamos solo su arista política. Haciendo una comparación con la política nacional, la Mazkirut Peilá parecería ser una suma de todas las facultades del Poder Ejecutivo (da la cara), Legislativo (propone e impone las pautas) y Judicial (dictamina).
El grueso de los madrijim se siente muy cómodo en esta situación: cuando algo sale mal, es muy fácil identificar culpables. La Mazkirut Peilá no se siente tan cómoda, pero se interioriza en que su tafkid es ese, cuando debería estar para cosas más importantes. Los madrijim, al no tomar ellos las decisiones, pretenden explicaciones. Entonces surgen opositores y oficialistas, que no está mal, solo que no son parte del aparato político, sino más bien se expresan como una opinión del pueblo, críticas externas, de Doña Rosa.
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Manipulación: A este apartado lo divido en: por omisión; y propiamente dicha.
La manipulación por omisión del grueso de los madrijim de la tnuá es la inacción, el desinterés, desmotivación, que indefectiblemente provoca que la Mazkirut Peilá tome decisiones que en una situación ideal no debería, y que muchos temas no lleguen a la Mazkirut Artzí.
La manipulación propiamente dicha es cuando la Mazkirut Peilá hace lo que se le canta, abusándose de su poder, creyéndose legitimado por la jurisprudencia del párrafo anterior.
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En este análisis omití a los shlijim. En comparación con los madrijim, ellos son muy pocos (una relación de 1 sheliaj cada 30, 35 madrijim aproximadamente), vienen con formaciones y perfiles diferentes, y tampoco comparten el mismo tiempo de gestión entre ellos ni con nosotros, como si lo hace una shijvá. A pesar de esto, causa y/o consecuencia de los problemas de autogestión de la tnuá, el papel de ellos resulta muchas veces determinante. Cada shlijut, con sus cosas buenas y malas, deja una marca mucho más profunda de la que debería; y desgraciadamente ninguno viene con la misión de elevar a la autogestión como bandera. Que no se interprete esto como la crítica boluda de que "vienen a coparnos la parada", sólo digo que la autogestión de la tnuá no es su principal objetivo.
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Además de ser símbolo y reflejo (perdonen la insistencia en esto, pero no quiero que piensen que mi crítica se dirige simplemente al funcionamiento de una aseifá de madrijim), propongo a la Mazkirut Artzí como punto de partida para solucionar nuestros problemas de autogestión. ¿Cómo se logra?
Por un lado, con algo más de burocracia de la que estamos acostumbrados: lista de temas sabida por todos con anticipación, un espacio en el cronograma de los encuentros, establecer bien quienes deben asistir (roshim, hanagot, bogrei shnat).
Por el otro, el factor de la motivación y de la importancia que como tnuá le brindemos. Esto resulta muy abstracto, por lo que voy a tirar algunas ideas: volver a la época de una Mazkirut Artzí mensual, en la medida de lo posible que cada merkaz absorba los costos de sus representantes (no por motivos económicos, sino para que estos se “apropien” más del espacio), temas debatidos previamente en algún foro para ir conociendo un poco las opiniones de todos, y más… Pero bueno, esto ya es adelantarse mucho en mi planteo, y tiene relación con una situación ideal de la que estamos lejos.
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Dejando de lado este manual de instrucciones tan cómodo de escribir y difícil de realizar, mi mensaje final tiene que ver con la autorreflexión; con cambiar métodos y estructuras si hace falta, pero fundamentalmente recuperar valores y mentalidades; con dejar de lado las sensibilidades, para pasar a la etapa de la acción y la implementación de una gestión conciente y convencida; con darse cuenta que nunca vamos a saber a donde vamos, si nosotros mismos no elegimos el camino.
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Tom Wichter
Mazkir Artzí 2008 (año en que escribió el original de este texto)
Merkaz Hagshama y Metzada

PODEMOS

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Podemos debatir si ser feliz por hablar con una persona o por tener un reloj de oro es algo con lo que se nace o algo que se aprende. Podemos debatir si es preferible enseñar reglas gramaticales o artesanías en las escuelas. Podemos debatir si esta bien usar el presupuesto para erradicar el hambre en otra guerra. Podemos debatir si progresar es tener más cosas y si el respeto se gana con títulos académicos. Podemos debatir si vivir es ser esclavo de la producción y la rutina, si la dignidad es cumplir la ley más injusta, si la burocracia es dueña del tiempo. Pero para los que confían en los hombres, para los que buscan en los demás un hermano, para los que quieren que su cosecha no sea para los mismos pocos, para los que desconfían de la justicia divina y no temen tomar sus propias decisiones, para los que les parece injusto que en la vida haya que tener suerte al nacer, para los que les duelen las muertes y se emocionan con la naturaleza, para los que los billetes son al fin papeles pintados y ninguno de ellos compra el abrazo de un amigo, para los que no abandonan sus sentimientos a la razón y saben que no hay libertad si alguien no tiene oportunidades, para nosotros este mundo confunde; y duele.
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¿Qué podemos hacer? Si los pobres no entienden su pobreza y la codicia puede más que el amor. Estoy convencido de que el mundo que buscamos es un mundo para todos, no como este que se basa en la traición, en trepar sobre el resto. Pero la mentira de que nada puede cambiar y ser mejor domina a todos, y hasta los más oprimidos se resignan y no se rebelan porque creen que no pueden o aceptan su condición.
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Algunos intentaron con las armas hacer el bien, pero las balas que se disparan nunca harán entender que tras su muerte se esconde la paz. Tampoco sirvieron dictadores gritando la verdad desde un palco. Las revoluciones sólo nacen desde cada persona.
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Somos muchos. Más de los que creemos. Es que las bombas y los gritos hacen más ruido que las guitarras y las caricias, pero tras el ruido está el silencio y allí nuestra voz. Las armas y los bancos seguirán vacíos porque no están hechos para amar. Deberíamos invadir las escuelas y las calles y hablar, enseñar, educar. Pero no basta con eso. Nosotros lo sabemos: para educar hace falta dar el ejemplo.
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Por eso los ideales del kibutz (de los kibutzim de verdad) me dan la esperanza de un lugar donde vivir como queremos en un mundo en proceso de cambiar (o que haremos que cambie). No necesita ser el tradicional pueblo agrícola (aunque particularmente es el que más me gusta) y estar como autista ante el resto de este mundo tan desigual, injusto y atrapado en su sistema. Alcanza con tener un marco donde compartir el día a día, conocerse, vivir en comunidad, crecer y activar. Un lugar donde los viejos no sean considerados inútiles por "producir menos" y donde cada uno pueda elegir en qué desarrollarse y trabajar. Donde cada uno ponga su máximo esfuerzo y reciba como mínimo lo que necesita. Donde la justicia se decida en comunidad. Donde pensar y sentir tenga importancia. Donde haya diferencias, pero que ninguna nos haga superior. Donde el hombre importe más que la máquina, donde no exista explotación.
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Así cambiaremos al mundo.
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Ezequiel Kosak
Merkaz Jaim Brande, Rivera
(desde Shnat Hajshará)

PURIM MIXTO

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Por estas fechas el pueblo judío celebra Purim. Pero esta no es la oportunidad para centrarse en la historia que ya todos conocen, o tendrían que conocer. Por las dudas, he aquí un breve resumen del final: Ester, una joven judía huérfana, se casa con el rey persa Ajashverosh y gracias al amor que él sentía por ella, se convence de no exterminar al pueblo judío.
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De ese relato, hay tres términos que se pueden destacar, que afectan a los judíos de hoy en día: racismo, antijudaísmo (no es antisemitismo, ya que los persas también eran semitas) y… “matrimonio mixto”. Sobre los primeros dos, hay mucho para decir, pero tal vez esta no sea la mejor ocasión. Me gustaría explayarme más sobre el tercero.
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La historia contada en Purim muestra una faceta de la interculturalidad: haciendo un análisis llano, se puede decir que el pueblo judío fue salvado gracias a un “matrimonio mixto”, y que mejor introducción para comenzar a hablar de un tema muchas veces tabú.
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Todos los judíos del planeta están amparados por la Ley del Retorno para poder “volver” a la Tierra de Israel cuando lo deseen. Si por el contrario eligen seguir viviendo en una sociedad de mayoría no judía, no pueden quedar excluidos de esta y deben, en cierta manera, comprometerse con el territorio que habitan. Es imposible vivir en una sociedad, pero a la vez, estar aislado de la misma.
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Mordejai y Ester eran dos judíos comprometidos con el pueblo judío, pero adaptados a la sociedad a la cual pertenecían.
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Hoy en día, en todas las kehilot se vive el “fenómeno” de los “matrimonios mixtos”, justamente, como un fenómeno. Y esto es, además, la excusa perfecta para justificar el decrecimiento de la comunidad, bajo el fantasma de la asimilación.
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En una hipotética ciudad que existen solo cuatro judíos (dos varones y dos mujeres), bien podrían casarse entre ellos y formar dos familias judías. Pero también existe la posibilidad de que cada uno se enamore y se case con una persona no judía. Que de las cuatro uniones se desprendan cuatro familias judías y no ninguna, depende exclusivamente del nivel de contención que puede aportar la kehilá a los judíos de esa ciudad.
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Si se contempla la posibilidad de que, además de obtener el “título de judío” por herencia, se obtiene con actitud, ninguna actitud es más valorable que la de aquella persona que entró en la kehilá realmente por interés propio y se nutrió de los valores que aporta el judaísmo.
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Las kehilot tienen que dejar de ver a los hijos de matrimonios mixtos como gente perdida. Tienen que generar recursos para abrirles las puertas a esos chicos, y a todos los judíos que quieran serlo, porque gente creciendo bajo un techo de educación judía es lo único que garantiza la continuidad del judaísmo en la diáspora.
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Espero poder abrir un pequeño hueco para analizar el asunto con racionalidad.
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Jazak Ve’ematz
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Alejandro Haber
Ex Mazkir Artzí (2007)
Buenos Aires, Argentina

IDENTIDAD CULTURAL

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El ser humano se diferencia de los otros seres vivientes de nuestro planeta por no tener una predeterminación de su objetivo de vida. Nosotros, los humanos, podemos escoger como vivir nuestra vida y así definir nuestro destino. Una de las decisiones que nosotros determinamos de una forma casi absoluta es nuestra identidad.
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Decidir cual es nuestra identidad es una necesidad básica del ser humano. Poder responder a la pregunta “¿quien soy?” es casi tan necesario como el afecto o los alimentos.
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Según Erich Fromm, “esta necesidad de un sentimiento de identidad es tan vital que el hombre no podria estar sano si no encontrara algún modo de satisfacerla”. Fromm mantiene que la identidad es una necesidad afectiva (“sentimiento”), cognitiva (“conciencia de sí mismo y del vecino como personas diferentes”) y activa (el ser humano tiene que “tomar decisiones” haciendo uso de su libertad y su voluntad).
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Nuestra identidad cultural distingue nuestro colectivo de los otros, así como la identidad individual distingue nuestra individualidad de las otras.
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Es verdad que sufrimos de las influencias de nuestro entorno y de los círculos donde vivimos y actuamos, pero así y todo todavía tenemos la libertad y la capacidad de determinar si somos judíos, musulmanes o budistas.
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Yo opté por ser judío. Obvio que para mí fue fácil porque nací judío, pero yo decidí vivir a mi judaísmo. Y aquí es el momento de aclarar que para mi el judaísmo es una cultura, la cultura del Pueblo Judío.
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¿Porque cultura? La cultura es el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba, aparte de las artes y las letras, las formas de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las creencias, las tradiciones, y todo aquello que no es natural y fue hecho por el ser humano.
“La cultura es algo vivo, compuesta tanto por elementos heredados del pasado como por influencias exteriores adoptadas y novedades inventadas localmente (Verhelst, 1994).
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El judaísmo es la identidad cultural del pueblo judío, y aparece como una modalidad de categorización de la distinción entre “nosotros y ellos”, fundada sobre la diferencia cultural.
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La identidad cultural de un pueblo se define históricamente a través de múltiples aspectos como el lenguaje, que es el instrumento de comunicación entre los miembros de la comunidad, las relaciones sociales, los ritos y las ceremonias, los mitos y las leyendas, los comportamientos colectivos, los sistemas de valores y creencias, las religiones, los marcos de la vida política, las visiones ideológicas, la ciencia y la tecnología.
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La identidad solo es posible si puede manifestarse a partir del patrimonio cultural, que existe de antemano y su existencia es independiente de su reconocimiento o valoración.
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Es la sociedad la que, actuando como agente activo, configura su patrimonio cultural al establecer e identificar aquellos elementos que desea valorar y que asume como propios, y los que, de manera natural, se van convirtiendo en los referentes de esta identidad.
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“La identidad cultural no es un elemento estático, sino que está sujeta a cambios permanentes, que están condicionados a factores externos y por una continua alimentación” (Bakula, 2000). El individuo dentro de la sociedad es el que determina que caracteres de la identidad cultural de su pueblo son trascendentes para el, y cuales no.
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El judaísmo, como todas las demás identidades culturales, engloba dentro de si toda la obra cultural hecha por judíos. Por lo tanto, podemos decir que todo lo que fue creado por el Pueblo Judío es parte del Judaísmo.
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La cultura Judía es tan amplia y rica que podemos encontrar todo en ella. Para ser judío no precisamos identificarnos con todos los conceptos judíos. Los judíos de nuestra generación somos los creadores actuales de este judaísmo renovado y completo, y somos los que permitimos su desarrollo y lo reinterpretamos.
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Ahora que esclarecí lo que Judaísmo significa para mi, seguramente surgirá la pregunta: ¿Como defino yo quien es Judío para mi? Mi respuesta es muy simple: Judío para mi es todo aquel que optó ser parte del Pueblo Judío por identificación. Que los valores, conceptos de la cultura judía y el destino del Pueblo Judío forman parte de su ser.
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El facto de que yo sea judío muestra que escogí aceptar algunos de los componentes culturales, nacionales, biográficos de mi identidad judía, como el idioma, la tradición, la historia del pueblo y otros. Estos componentes son flexibles (como en todas las demás culturas) y totalmente neutros. Están abiertos a todas las interpretaciones posibles.
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La falta de uno de los componentes no me imposibilita pertenecer al Pueblo Judío. Explico: un judío de origen iraquí que no habla hebreo, es igualmente judío que un israelí que si lo habla. Un judío ingles que no escogió vivir en Israel, continua siendo judío. Un judío que no realiza los rituales judíos a diario, también es judío. Ningún judío precisa justificar su judaísmo a los otros, no tiene que explicar a nadie porque no habla hebreo o idish, porque no es “shomer mitzvot”, o porque vive fuera de Israel. Todos siguen siendo judíos si así lo quieren y lo eligen. Es por eso que para mi Judío es quien nació Judío, o adopto el Judaísmo para si mismo. Quien se declara Judío, se identifica con la tradición y la herencia cultural judía, y liga su propio destino al destino del pueblo Judío.
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Después de haber expuesto que significa ser judío para mí, y habiendo explicado que se puede ser judío en cualquier lugar, seguramente se preguntaran porque escogí a Israel como el lugar para realizar mi Judaísmo.
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También sobre este punto mi respuesta es muy simple: solo en Israel el Judaísmo tiene otra dimensión. Solo en Israel existe el aspecto público y político del ser judío. Solo en Israel puedo vivir mi judaísmo sin tener que preguntarme día a día si soy judío o no lo soy. Este tipo de pregunta se torna irrelevante. En el Estado Judío se vive judaísmo en cada situación, cuando el Parlamento discute si vender o no comida no “Kasher le Pesaj” en Pesaj, o si está permitido viajar en “Shabat” y en Yom Kipur, y también si los territorios ocupados, por su trascendencia histórica para algunos y sagrada para otros, pueden ser devueltos a los palestinos como parte de un acuerdo de paz.
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Solo en Israel la cultura judía puede seguir evolucionando y transformándose en una cultura fresca y actual. Solo en Israel existe esa masa crítica judía que permite el intercambio de ideas y la creación y desarrollo de nuevas áreas dentro del judaísmo, como la ciencia, el arte, la tecnología, un sistema democrático, un sistema judicial moderno con uno complementario religioso, una legislación basada en la igualdad frente a la ley y el pluralismo político, instituciones como la Kneset donde se discuten entre otras temáticas y problemáticas judías, la religión para quien quiere ser parte del sector religioso. Todo lo que está escrito arriba es lo que nos permite tener en Israel una dimensión pública y política judía que en ningún otro lugar del mundo es posible.
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Por eso es que yo hice hace treinta y dos años atrás mi elección, que fue optar por Israel como el lugar en el que quiero vivir. Porque es el lugar que me permite crecer no solo como ser humano, sino también como parte de un pueblo vivo, que respira una tradición cultural muy rica, y que encima de todo se enorgullece de su pueblo y de su historia.
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Ruben Ogorek
Sheliaj de Hejalutz Lamerjav
Rosario, Argentina

 

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